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Sobre Fátima de Madrid circulan diversas informaciones que nos sitúan entre la realidad y el mito. Se sabe que fue una astrónoma de origen musulmán, hija de un afamado matemático y astrónomo andalusí, conocido como Maslama al-Maŷrīṭī. Aunque gran parte de su vida transcurrió en Córdoba, el apelativo al-Mayriti que significa “de Madrid”, confirma su origen madrileño.
Padre e hija desarrollaron toda su actividad científica en la floreciente al-Ándalus de finales del siglo X. En esa época, la ciencia andalusí alcanza grandes avances, centrándose especialmente en el desarrollo de tablas astronómicas y la elaboración de instrumentos de medición y precisión, como los astrolabios. Allí se creó una importante escuela de astronomía de la que Fátima de Madrid sería una de sus discípulas directas. La astrónoma trabajó, junto a su padre, en el desarrollo de sus investigaciones astronómicas y sus trabajos destacaron por introducir en la región el conocimiento de la Tabla de Cuerdas de Ptolomeo. Este tratado de astronomía matemática fue creado por el geógrafo de origen griego Ptolomeo durante el siglo II d. C. y se trata de la tabla trigonométrica más antigua conocida. Ambos editaron y corrigieron las Tablas Astronómicas compiladas por al-Khwarizmi, ajustándolas al meridiano de Córdoba, además de trabajar sobre calendarios astronómicos y cálculos sobre de las posiciones del sol, la luna y los planetas. También realizaron mejoras fundamentales para el astrolabio, antiguo instrumento astronómico que servía para determinar la latitud, longitud, altura y posición de los cuerpos celestes. Una de las obras de las que se considera coautora es el Tratado del Astrolabio, cuya copia se alberga en la Biblioteca de El Escorial. Por estos trabajos su obra sería conocida como las Correcciones de Fátima.
Debido a las dificultades para reconocer su autoría y la escasez de fuentes documentales, se ha llegado a poner en evidencia su propia existencia. La polémica resurgió en 2009, cuando se incluyó en el calendario conmemorativo Astrónomas que hicieron historia. Una de las referencias más populares es la de la Enciclopedia Espasa Calpe de 1924, donde aparece su nombre y una escueta alusión a su trabajo. Posteriormente, otros textos han hecho referencia esa misma fuente, ofreciendo escasas informaciones. Menos conocido es que, en 1886, el periódico semanal la Ilustración Artística publicaba un texto titulado “Fátima la astrónoma” por el catedrático orientalista e historiador Francisco Fernández y González (1833-1917), del cual citamos un fragmento:
En tanto que un anciano de blanca barba dirigía astrolabio al cielo, una figura delicada que no podía ser sino de mujer, alta, esbelta, de grandes y hermosos ojos, de tez pálida y nacarada con largas trenzas de cabello negro, inclinábase sobre una mesa, y a la luz de la brillante lámpara de metal, comenzaba a apuntar las observaciones que le indicaba el astrónomo. Tras un rato de trabajo, en que repetidas veces puso el anciano un astrolabio redondo en manos de la joven, para que comprobase y confirmase por sí misma algunas de las averiguaciones hechas, se dispuso a abandonar el recinto, no sin revisar antes los apuntes escritos por aquella a la viva luz de la lámpara, la cual permitió al almuédano distinguir y reconocer sus facciones. Desde aquel instante, no pudo dudar Zeid de que el observador de astros era su maestro Moslema, dándose a entender, al propio tiempo, que la joven que ayudaba y cuyo canto había producido en él impresión profunda era su hija, de nombre ilustre ya por sus escritos que corrían en las aulas de Astronomía con el título Correcciones de Fátima.
(La Ilustración artística, núm. 322, 1886, p. 74)
Recurrentemente, algunos historiadores han insistido en que la historia de Fátima de Madrid puede ser ficticia, pues todavía no se han encontrado fuentes históricas que puedan confirmar sus aportaciones. En otro orden de cosas, resulta curioso que tan frecuentemente salgan a la luz tantas voces críticas que se empeñan en desmentir la presencia de mujeres cuando estas se vinculan con las ciencias y el intelecto, mientras que en muy pocas ocasiones se llevan a cabo investigaciones históricas serias y profundas sobre sus trabajos, en vistas de que el conocimiento de sus contribuciones pueda alcanzar, algún día, el de sus congéneres masculinos. Es indiscutible que la historia de Fátima de Madrid todavía tiene muchas páginas en blanco y, sin embargo, nos encomendamos al mayor de los optimismos confiando en que futuras investigaciones puedan desentrañar nuevas informaciones que nos permitan trazar su trayectoria y conocer más profundamente su legado.
Autora: Elisa Garrido Moreno. Dpto. de Historia y Teoría del Arte (UAM)
